Se acabó. No hay más capítulos épicos. Exactos 8368 días de una historia perfecta. Una configuración de deportista argentino ideal. Con 3 años de Liga Nacional, 4 en Italia y 16 temporadas en la NBA construyó una carrera que ni el más fantástico de los escritores de ficción podría haber imaginado. Emanuel Ginóbili , a los 41 años, le puso punto final al cuento que comenzó en Bahía Blanca, encontró la gloria en los Estados Unidos y alcanzó el Olimpo en Atenas.

Se tomó el tiempo que entendió necesario para comunicarlo. Nada de apuros. Siempre estudió cada paso y en el final no podía ser diferente. Esperó a encontrarse con uno de sus padres deportivos, Gregg Popovich , un hombre que sabe de sus tiempos y de sus silencios. Se escucharon y resolvieron lo mejor para todos. Fue en San Antonio, en una de las oficinas del Facility de los Spurs , cara a cara, como los últimos 16 años juntos. Y allí, en el Facility, a unos 20 minutos del la ciudad, en el campo de entrenamiento en el que prepararon más de 1000 batallas se cerró todo. Lealtad y respeto, eso marcó su camino y debía hacerle honor a esos mandamientos para su retiro. Porque no se trató de hacer ruido, no le gustan esas cuestiones, simplemente se mueve dentro de su orden lógico. Demostró una vez más que las formas son las que marcan la diferencia.